Ella, no sabe que él esta en el anden.
El, no sabe que ella esta en el último vagón.
Por cuestión de segundos, no se ven.
El, por encender un cigarrillo.
Ella, por atender un mensaje de texto.
Y el tren, que se pierde en la tarde.
Mi humilde propuesta sería asombrarse, intercambiar ideas - aunque por momentos te parezcan un poco viejas - y que puedan ser pensadas de nuevo. Ponerlas "en cuestión". En otras palabras...: Construir un espacio "tierno" para contrarestar "lo cruel" que viene ofreciendo el sistema desde hace mucho. Desandar los significantes ya gastados para caminar otros senderos
Ella, no sabe que él esta en el anden.
El, no sabe que ella esta en el último vagón.
Por cuestión de segundos, no se ven.
El, por encender un cigarrillo.
Ella, por atender un mensaje de texto.
Y el tren, que se pierde en la tarde.
Dónde termina la estación de trenes, dónde comienza.Tal vez las rejas ya no dividan derechas de izquierdas, tal vez ya no le interese a nadie. La cuestión es que ya no detienen a nadie.Porque un tren que llega son cientos de historias de vida que arriban de ningún lugar y de todos al mismo tiempo. La estación es un espejismo custodiado por andenes. Nosotros, miramos sin ver desde nuestra ventanilla. Nos bajamos -con los ojos- a recorrerla un rato, hasta donde lo permite la osadía.Hay quienes se bajan a destiempo de una esperanza. Otros se dejan llevar pasivamente hacia una promesa. Alguien posterga su deseo y parte a lo desconocido. Otro espera bajar "milagros" en Santos Lugares o anhela ver subir ramilletes de nomeolvides en Ramos Mejía. De vez en cuando ves un beso que se ofrece de sopetón en el estribo o ese otro beso nuevo y apasionado que "de un saltito" te lo roban.Y el guardia que viaja "de colado", y los gendarmes que te dan más miedo que los pungas. Dónde empieza, dónde culmina esa sensación de infancia.Hace tanto calor que hasta los durmientes se desenroscan los bulones para desperezarse frente a los andenes que parece que jugaran ajedrez con fichas humanas. Y más allá, en la ventana de un bar de esa parada, lo ves al poeta que esta escribiendo esta historia.Un tiempo que no ha de volver y otro que jamás a de llegar habitan en el pitido del tren que comienza a desandar los relojes y se empieza a mover. Un tren al partir despeina ese pastito salvaje que crece y crece en medio del cemento que trata -inútilmente- de sepultar a la tierra que sigue viva, llena de historia y memoria por viejos reclamos populares.Un tren que por fin se aleja, que parte en dos las horas caldosas del atardecer de un día cualquiera, parecido a tantos otros. Cuál es el verdadero viaje: el del que esta en el convoy o será que el que viaja es el paisaje, siempre en sentido contrario a nuestro deseo empecinado en llegar a ningun lugar y a todos al mismo tiempo.
"Hacia falta tanta información para apagar tanta pasión"
Lo curioso de esta clase de periodismo es la invención de palabras.
Formas idiomáticas rebuscadas para describir un juego que ya posee un vocabulario específico. Jugadas, estrategias propias de cada juego ya han sido nombradas por sus creadores. ¿Qué quieren estos señores? La creatividad no pasa por ahí.Sus periodistas aparecen como traductores entre las intenciones del jugador y la recepción de las personas que lo consumen. Acciones que el televidente puede analizar perfectamente y más si practicado dicho deporte, aunque lo haya hecho en forma de hobbie.Algunos ejemplos:Se le adjudica a todo el equipo la cualidad de una sola persona cuando dicen: “Boca no encuentra el partido” o aquello de: “River está motivado”, o “la hinchada no acompaña”.No existe un sentir masivo. Hay once seres humanos realizando una actividad, todos diferentes, con contratos diferentes, que sienten cosas diferentes, que tienen necesidades distintas.En todo caso, el aficionado va a ver un espectáculo deportivo que hace más de veinte años carece de esa condición.Se utilizan palabras de otras ciencias para describir un shot en el fútbol:"Le pegó con la cara interna del pie derecho"." Cabeceó con el parietal izquierdo"."Se resintió el aductor al patear el balón"En estas expresiones el periodismo deportivo se convierte en diagnóstico médico, ¿quizá porque el periodista deportivo fue bochado en algunas materias y no le quedó otra opción que encarar ser relator o ser comentarista de fútbol?El sujeto futbolero empieza a adquirir un lenguaje de pronosticador o de kinesiólogo que no tiene nada que ver con el placer de pertenecer a una hinchada o ser aficionado.Al finalizar el partido realizan reportajes a los jugadores, a los D.T. y a algunos hinchas. Todo vale para buscar unos puntos más de rating. Preguntas que no tiene una décima de sentido común, que solo sirven para volver a revivir cosas que el hincha ya ha visto en el campo de juego. Respuestas de los actores que son dichas “en caliente” y que no le agregan ni le quitan nada a lo que ya ha culminado. Tanto las preguntas como las respuestas se pierden entre la cantidad de cosas ya dichas, carecen de un sentido específico. Se le pregunta los actores por su futuro, por su familia, se lo felicita si ese día es su cumpleaños o si ha sido padre, o si ha ido o si irá a almorzar con Mirtha Legrand; en fin todas ellas muy lejos de lo que es su especialidad: el fútbol.En el periodismo deportivo - salvo dos o tres excepciones – no se sabe preguntar y mucho menos cuando el periodista pertenece al circuito televisivo donde la imagen hace más impacto que cientos de palabras. El televidente no escucha, mira y en contadas oportunidades puede asociar la imagen a las palabras. Si a esto se le agregan los recortes que en plena emisión están dedicados a los sponsors, la confusión del consumidor es atroz. La pantalla se convierte en un folleto de propaganda. Algo similar al que aparece en ciertas temporadas en el interior de los periódicos.Además, las palabras emitidas por los periodistas deportivos también son slogans de venta, un agregado más que engrosa los ingresos de quien los tira al aire, que parece que ya no puede afrontar su economía personal con el sueldo mediático que ha pactado con la empresa.¿Qué aprende el que consume esta clase de periodismo? Excepto muy raras excepciones... muy poco.
No se sabe cómo hará Sudáfrica para mantener en actividad esos gigantes de cemento, multimillonario derroche fácil de explicar pero difícil de justificar en uno de los países más injustos del mundo.
Cuando el Mundial comenzó, en la puerta de mi casa colgué un cartel que decía "Cerrado por fútbol".
Cuando lo descolgué, un mes después, yo ya había jugado sesenta y cuatro partidos, cerveza en mano, sin moverme de mi sillón .
Todos enloquecidos tratando de ser campeones en algo. No importa de que manera. Ni quien dirija al equipo. Ni de que forma se clasifica el equipo. Nada puede llegar a cambiar tanto el humor como un partido de un mundial de fútbol. Las ciudad se detiene, no produce, no se hace el amor, no se estudia, solo importa que por 90 minutos estemos mirando a nuestro equipo. Un equipo que no nos representa ya que todos sus jugadores pertenecen a otro país. Viven en otro país. Sueñan, comen, tienen hijos en otro país. Pero no importa nada se grita, se festeja hasta quedarnos disfónicos. Directores técnicos que fueron geniales jugadores pero que no saben enseñar lo que saben y se vuelven en las eliminatorias. Técnicos que no hicieron el pequeño curso que los acredita como tales. No importa, y no escribo más porque va a empezar el partido. No hay otra patria que los sponsors.
Que se caiga el celular al inodoro puede llegar a ser una atrocidad y una maravilla al mismo tiempo. Y todo el mundo tan campante. Que mas puede pasarle a alguien que pasó los 50 con este episodio tragicómico de ir a hacer pipí y ver casi en camara lenta como el celular que estaba en un bolsillo inesperado (por alguna otra estúpida razón) empiece a zambullirse en las aguas servidas de un inodoro. Y uno que muchas, pero muchas veces había dicho frases tales como: "los celulares legaron cuatro decadas antes" , " solo sirven para seguir mas incomunicado que cuando tenias que buscar a las 3 de la mañana un publico para hablar al trabajo porque estabas engripado", o " cuando se me rompa no voy a usar más un celular" . Pero uno empieza a sentir como una desesperación por volver a recuperar el objeto tan odiado y deseado al mismo tiempo. Freud una vez mas va a tener razon sobre las relaciones objetales y entonces uno se miente: se dice a si mismo "no me hace falta" hasta que descubre y hace cuentas que estos inmundos aparatitos se llevan no solo la ilusión de estar "conectado" con el mundo entero (al menos ese pequeño mundo cotidiano que lo rodea a uno lleno de suegras y mujeres y sobrinos y familiares y amigos ) descubre que esto no era mas que un " listado de contactos" y que se fue metafóricamente a la mismisima mierda. En fin. Hasta que despues viene la recuperacion del objeto perdido que se frustra cada vez que uno pregunta a los supuestos tecnicos o profesionales del siglo XXI porque un equipo nuevo cuesta diez veces más de lo que costaba cuando lo adquirimos y esa cosa que colgaba de la cintura no es mas que una ilusión mas de este mundo. Y se suceden las respuestas mas absurdas . - no, no creo que vuelva a funcionar. Noticia que uno recibe como si fuese la muerte de un ser querido. La grandísima falta continúa cargàndose de risa. - No se le ocurra ponerle un secador de pelo. - Lo mejor que hay para estas circunstancias es dejarlo al sol durante varios días.(y uno sabe que estamos en otoño y que el sol ya no es el de antes. - Si me lo deja yo veo si se lo reparo, aunque por lo que veo le va a salir igual que un equipo nuevo. Y frases por el estilo. La cuestion que por unas horas uno esta como a la deriva, sin ese mundo interno al que uno podía llamar sin mas ni mas, y nota que se acabaron las conversaciones trascendentes tales como - Poné los fideos que estoy en la esquina. -Te llamo en cinco. - Quien sos? (cuando no reconocemos un mensaje de texto) Solo te queda esperar que "bajen las aguas" que entorpecieron la plaqueta (palabra que uno recien aprende) y que te suena a aquellas viejas anginas de cuando uno era chico y no iba a la escuela. O de cuando nuestra madre decia a la maestra, ayer no se lo traje al chico porque amanecio con placas. Placa - Plaqueta - tocame la pandereta. Y tambien los doctores de la infancia que venian a casa y decían tenemos que sacarle una placa. Digo ... esto de que se me haya caido ... no sera algo por el estilo?...
Las abuelas de los años 60 y aún antes acostubraban agarrar un poco de jabon y pasarle la palma de la mano embadurnada a nietos traviesos que usaban algunas palabras -digamos- inadecuadas.
A los señores legisladores habría que propinarles la misma amonestación que terminaba en irse a dormir sin mirar televisión. En el caso de estos leguleyos de morondanga el castigo sería no pagarles cada vez que pronuncien las palabras Trabajo y Pueblo. Y descontarles el sueldo proporcional cada vez que no den "cuorum" en algunas de las dos cámaras. Pero creo que estos señores no tienen abuela, y mucho menos Vergüenza .
Alejandro Dolina dice con ironía que en los ùltimos años han proliferado gran cantidad de institutos y establecimientos que enseñan cosas con rapidez: ".....sea bachiller en 6 semanas.... perito mercantil en 3 días... avívese de pronto en 2 segundos....."
-Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente. Gane mucho vento sin esfuerzo. No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me agrada que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable.
No señor. Aprender es hermoso y lleva la vida entera.
El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamas preguntará en cuanto tiempo alcanzará a ejecutar Adios Nonino. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato.
Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periodicos y en las estaciones del subte.
"Aprenda a tocar un instrumento en 100 años".
"Aprenda a vivir durante toda la vida"
"Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni tan siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje".
Eso... Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje.